miércoles, 30 de septiembre de 2015

Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno" (10)

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From: J. Honest
Sent: Friday, November 11, 2016, 00:00 PM
To: Hell Dolly
Subject: End of the course

Querida Hell Dolly.

Han pasado tres días desde tu última carta, he comprobado gratamente que la ecografía es auténtica y que Carl ha muerto como merecía. Has estado predispuesta a mis peticiones más sombrías. 

Ha llegado la hora de revelarte el verdadero propósito de nuestro encuentro.

Te hallas sentada sobre el reloj de piedra en el portal de Saint Patrick mientras te escribo estas últimas letras, tienes el portátil abierto, esperando la llegada de esta carta. 

He intentado conectar tu web cam para ver tu rostro de cerca pero no lo he logrado, pero tranquila, puedo verte, mira hacia arriba, a tu izquierda. Ves en esa farola, una pequeña luz roja intermitente, es una cámara y envía la señal a nuestro ordenador. 

No me extraña que oyeras hablar de mí por parte de los guardias, aquí soy una celebridad, estoy en boca de todos y no es para menos, soy ese pasajero oscuro que atraviesa los muros de hormigón y se abre camino entre los humanos, que como tú, me abren las puertas de su ser. Tan siquiera existo.

Tu petición de que eligiera al progenitor fue una bendición, una manera perfecta de acabar con Carl, ese hombre estaba a punto de estropearlo todo, quería sacar a la luz el proyecto "J. Honest" y destruirlo. Con su muerte, todo vuelve a la normalidad.

No soy humano, no soy nada, solo un perfil en la red, un anzuelo para personas como tú y créeme Hell Dolly, tu participación ha sido lo mejor que nos podía ocurrir. 

Tras el teclado de este juego perverso, del virus letal que tanto te he mencionado, se encuentra el terror que se alzará sobre la humanidad. 

Somos un equipo formado por presos, unos encarcelados injustamente, otros arrepentidos y redimidos ante una sociedad cruel. Y con crueldad nos servimos de nuestras víctimas. 

Somos el ojo por ojo, asesinos de la corrupción y la mugre que nos rodea. 

Has visto y sentido cosas que solo están en tu mente perturbada, en tu alma oscura. 

Te has dejado poseer por una ilusión, has herido tu cuerpo, has asesinado a inocentes y te has dejado engendrar por quién estuvo a punto de acabar con todo esto.

Ves un tumor crecer en tu interior y ese es nuestro trofeo.

Observa a tu derecha, al final de la calle. Mira esas luces de auto encenderse y apagarse a lo lejos. Es nuestro contacto en el exterior.

Tienes dos opciones, querida Hell Dolly. Puedes lanzarte desde el puente que conduce a la iglesia de St. Thomas y redimir tu carne para liberar el resquicio que quede de tu alma o puedes cruzar el "Arco de los Difuntos". 

Si tomas la segunda opción, nuestro amigo te arrebatará nuestro trofeo y podrás vivir en la sombra de una justicia que se alzó sobre ti, en el mismo instante en el que te pusiste en contacto con nosotros. 

Con "Honest Judgment". La mano de la justicia inquisidora. 

Se despide de ti el alias de nuestro perfil, el nombre de  tu perdición... 


J. Honest.



¿Fin?

Para leer el final de Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno"... Por Julia C. pincha AQUÍ




lunes, 28 de septiembre de 2015

Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno" (8)

Para leer la anterior carta de Julia C. "Hell Dolly" pincha AQUÍ

From: J. Honest
Sent: Friday, September 11, 2016, 00:00 PM
To: Hell Dolly
Subject: ...

Herida, Hell Dolly.

Tus deseos son ordenes, mi emperatriz del mal... Elegiré al progenitor. Tienes toda la razón, ha sido una enorme sorpresa para mí tu propuesta, mas me parece una idea magnífica. Esto me va a complacer muchísimo...

El guarda se llama Carl, saldrá el próximo domingo a las 23:30. De camino a su casa, atrápalo en tu red de araña, dile que eres un obsequio de su amigo Fritz, eso le parecerá bien, no se resistirá a tal obsequio, te lo aseguro. Será más fácil de lo que imaginé y es un hombre rudo, físicamente ideal, la base que necesitará nuestra alimaña para crecer sana y fuerte.
Si en tu próxima carta me envías un test positivo de embarazo y me entero de la trágica muerte de nuestro amigo en común, prepárate Hell Dolly. Saldré en tu busca al instante.

Como te dije, tengo grandes planes para nosotros... Y estos empiezan a partir de tu embarazo y de nuestro encuentro. 

Antes de que nazca nuestro pasajero oscuro reencarnado, debemos llevar a cabo un acto que te parecerá increíble. Será el principio para ti, descubrirás otro modo de ver la vida, de saborearla y de dejar huella imborrable sobre ella.

Tus últimas letras se me han inyectado en mi negra sangre como un portal de esperanza a mis sentidos. Estás logrando que aparezcan en mi ser, cosas que jamás antes había experimentado. 

No anunciaré todo lo que hierve en mi interior, no soy persona de sensiblerías e inmundicias, no pecaré como los necios, subestimando mi ego y despojándome del poder que me ha sido concebido en pos del amor, esa miserable artimaña para cegar al hombre y arrojarlo a las manos de la piedad y la misericordia. 

Sin embargo te diré algo... Eres más de lo que imaginé, siempre te vi como una herramienta más en este malvado plan de proporciones épicas y te has convertido en una jugadora, una compañera letal y necesaria.

En cuánto a tu solicitud... La "J" de mi nombre... Te lo diré en mi próxima carta, cuando vea el test positivo de embarazo y sepa de la muerte "accidental" de Carl.

Tres días exactos después de la fecha de tus siguientes letras, confirmada la gestación, dirígete al portal de Saint Patrick, en el "Arco de los Difuntos", cerca del puente que lleva a la iglesia de St. Thomas. Siéntate sobre la roca circular del reloj de sol. Lleva un portátil y conéctate a la red, recibirás mis últimas palabras, conocerás mi nombre completo y me reuniré contigo, no lo dudes, puedo hacerlo y lo haré.

Nunca de nadie. Tuyo, ahora.

J. Honest.





Continuará...




domingo, 27 de septiembre de 2015

Quick Death

La gota gorda golpeaba sobre el sombrero de curtida piel de búfalo del viejo Gerald. Sus botas, enfangadas sobre los charcos de lodo, chapoteaban en su rudo y tieso caminar. Se detuvo e inclinó la cabeza, elevó levemente una pierna y dio un paso atrás. Levantó la puntera de su calzado de piel de serpiente y dio un toque en el rodillo en forma de estrella de su espuela derecha, el sonido era parecido al tambor de su revólver.

Chasqueó los dedos de su mano izquierda y acercó el índice a la culata de su colt de empuñadura de marfil, el águila grabada en ella, observaba cabeza abajo, esperando picotear el pulgar de su dueño para qué apretara el gatillo con sumo reflejo, el disparo debía ser certero. Una bala, una vida, ese era el lema de Gerald Johnston Malick, más conocido como... Sir. Quick Death o Muerte Rápida.

Antes de que los lugareños pudieran advertirlo, el ansiado proyectil ya había salido del cañon de la plateada amiga de Gerald. Un agujero del tamaño de un crisantemo granate se dibujó en su cráneo, el sombrero de piel de búfalo salió volando por los aires. Tieso como su propio caminar, cayó de espaldas sobre el lodo chapoteado.

Sir. Quick Death había sido vencido.

Su rival acercó el cañón humeante a sus fosas nasales e inspiró apasionadamente aquel olor a muerte rápida.

Destapó el pañuelo de su rostro negro y el agua hizo correr el betún. Ese hombre desconocido, ese negro loco y rabioso no era negro, ni era hombre. Se quitó el viejo sombrero de piel y paja y su ondulada melena cubrió sus hombros. Se desgarró la camisa y mostró sus pechos turgentes, sus cicatrices en la espalda. Se quitó los pantalones y los largos calzones y enseñó sin pudor y con total orgullo su velluda vagina. Se desprendió de sus botas y pisó descalza la tierra mojada. El betún de su cara pintada bañó su cuerpo, una ducha de hollín que resbalaba hasta sus tobillos.

Caminó tiritando bajo el manto de agua helada, hundiendo sus pies en el fango. Se acercó al cuerpo inerte de Gerald. Sus ojos estaban abiertos, mirando al vacío, al lugar donde su mísera alma había despegado.

Le habló como si aún estuviera vivo.

- ¿Me recuerdas, Johnston? No soy ese negro al que has sentenciado por ocupar tu puesto en la barra del salón. Soy Giselle, hijo de perra. Nuestra hija te espera allí donde vayas. Solo debo agradecerte algo, lo qué una vez me dijiste. No hay nada que el hombre no pueda hacer si eso que desea cabe en sus manos... El hombre o la mujer... Estúpido, cabrón.

Giselle Roland lanzó el arma sobre el pecho de Gerald.

Regresó de nuevo al bosque del que vino aquella tarde, se adentró en la espesura, bajó por el río bravo y llegó al lugar donde había estado viviendo los últimos ocho años, junto a su marido y sus dos hijos, junto a su familia, los Sioux.

El cuerpo de Quick Death estuvo tres días sobre el terreno. La mañana siguiente a su muerte fue la más calurosa que recordaron los lugareños en mucho tiempo. Los matojos rodantes paseaban con total libertad por las calles del pueblo. La mayoría estaba en el salón, ocupaban por turnos el lugar donde aquella despreciable alimaña tomaba sus tragos.

Celebraron intensa y felizmente la fugaz aparición de Giselle.



Fin

sábado, 26 de septiembre de 2015

Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno" (6)

Para leer la anterior carta de Julia C. "Hell Dolly" pincha AQUÍ

From: J. Honest
Sent: Sunday 30, 2016, 23:50 PM
To: Hell Dolly
Subject: ...

Herida, Hell Dolly.

Estoy plenamente orgulloso de tu cometido. Has logrado integrar en tu alma oscura un poder qué, te aseguro, te sorprenderá gratamente. 

Ciertamente, dudaba que esto pudiera ocurrir. La única vez que lo intenté, la huésped no resultó ser lo suficientemente fuerte, no lo soportó. Así murió mi madre, entre terrible e insufrible dolor, no fue capaz de albergar a mi oscuro pasajero cuando lo necesité.

Me vi obligado a escapar de aquel infame reformatorio para acabar, con mis propias manos, con la detestable vida de mi padrastro. En el fondo me alegro de que sucediera de este modo, resultó ser infinitamente más satisfactorio ver como se apagaba su maldita vida ante mis verdaderos ojos.

No alimentaré más tu curiosidad sobre mi pasado. El presente es lo único que ahora nos incumbe.

Has resultado ser la persona que tanto anhelaba, a través de ti no hay muros infranqueables. Portas la suficiente oscuridad para cobijar una maldad indestructible. Te has convertido en mi vía de escape y pronto te explicaré el porqué.

Antes, deberás hacerme un último favor. Respira profundamente. Tienes que quedarte embarazada.

Visita aquella gasolinera sin cámaras de seguridad que mencionaste en tu primera carta o adéntrate en cualquier antro. Un lugar donde, desapercibida para el resto del mundo, pero como diana de lujuria nocturna, seas presa de un hombre y de su deseo. Debe ser un hombre robusto, genética de fortaleza y mal intención.

Haz lo que esté en tus manos y de la mejor manera que te sea posible. Necesito que te engendren para que mi pasajero oscuro posea al ser que crezca en tu interior.

Luego destruye al padre, es solo una herramienta, una pieza necesaria e insignificante tras el acto consumado. Arrebátale la vida, disfruta con ello y haz que desaparezca el cuerpo. No deben cogerte jamás. Te quiero libre de prisión, cuidarás de nuestro pequeño y yo me reuniré en breve con vosotros.

Créeme, querida Hell Dolly, abriremos las puertas del infierno en la tierra. Sembraremos un terror jamás conocido por la humanidad.

Pídeme lo que quieras a cambio de tu difícil menester.

Nuca de nadie. Depende de ti, tuyo para siempre.

Pd: Esas marcas que te dejó mi oscuro pasajero son un obsequio, sí, sin duda, pero son algo más que eso. Obsérvalas en un espejo, su proyección inversa portan un claro mensaje, descúbrelo y entenderás mejor cual es tu misión. Tan solo debes asumirla.


J. Honest.



Continuará...




jueves, 24 de septiembre de 2015

Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno" (4)


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From: J. Honest
Sent: Tuesday, August 11, 2016  18:14 PM
To: Hell Dolly
Subject: ...

Herida, Hell Dolly.

No suelo llevarle la contraria a nadie.

La última vez que sentí esa necesidad, antes de poder tan siquiera pronunciar una sola palabra, mis nudillos ya habían hablado por mí. Fue antes de ayer, ese guardia ya no es el mismo, su sonrisa resta incrustada en su nuca y sus ojos han perdido toda su expresión.

Esta vez será la excepción. Supongo que es debido a que uso la palabra escrita, mi mayor pasión después de jugar al señor muerte con cualquiera que merezca una partida con un servidor. 

También se debe, sin duda, a que no te tengo tan cerca como quisiera. 

No puedo alcanzarte con mis frías manos, pero puedo llegar a ti. A través de mi oscuro pasajero. 

Pronto lo conocerás.

Él puede traspasar estos muros e ir a donde yo le dicte. En estos instantes duerme y en breve perturbaré su sueño.

Físicamente me complacería agarrar tu cuerpo desnudo.

No negaré que has logrado despertar la llama negra que habita en mí. Con ella te envolvería hasta hacer pedazos e incinerar nuestras monstruosas pieles.

Eyacularía todo mi odio en tu interior.

Mi contrariedad a tus letras es simple, no soy tu maestro, tu no eres mi aprendiz.

Tengo planes para nosotros. Somos una enfermedad. De un modo especial uniremos nuestras almas oscuras, a través de mi oscuro pasajero, fusionaremos nuestra maldad.

Pronto el mundo conocerá un virus, tan letal como el mismo tiempo.

Esta noche, cuando duermas, debe ser de este modo. Un ente de vapor helado desvelará tus sueños... Déjate poseer por él.

En tu próxima carta, si has soportado convivir con mi pasajero oscuro y no te ha dominado por completo, cosa que destruiría tu ser, explícame tu experiencia, que has sentido, que te ves capaz de hacer con ese nuevo poder en tu interior.

Desde aquí le dictaré mis planes y estos aparecerán en tu mente a través de tu nuevo inquilino. 

Sé una buena huésped y pronto, el mundo se arrodillará ante nosotros, no como reverencia, si no por el destructivo dolor que se alzará sobre ellos, pobres miserables.

Nunca de nadie. Tuyo, en parte.

J. Honest



Continuará...






martes, 22 de septiembre de 2015

Almas Oscuras "Cartas desde el Infierno" (2)


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From: J. Honest
Sent: Wednesday, July 14, 2016 22:46 PM
To: Hell Dolly
Subject: ...


Herida, Hell Dolly.

No le hiciste ningún favor a esa mujer, ni a ti misma. Eres una pústula en este sistema, un tumor, junto a mí, un hermoso cáncer. Gozo al ver como nuestra enfermedad se extiende y todo lo contamina, pudre el mundo y  este se consume bajo nuestros pies.

Te presentas como espina arrancada de mi pecho, sin dolor alguno. Brota la inexistencia de mi alma, goteo sangre y es oscura. 

Eres la herida que precede a tu presencia, no habrá cicatriz que deje huella sobre mi cuerpo, no habrá nada, solo verdad, honestidad en mis palabras. No es poco. Es lo que nadie, hasta ahora, había logrado de mi. Una respuesta que no sea la inmediata muerte.

Osas entrar en mí.

Como reflejo a tus oscuros secretos confesados, me he propuesto liberar mis pensamientos y hacerlos tuyos. 

¿Sentimientos? Dudo que esos extraños personajes caricaturescos habiten en mí. 

Siento, sí... Odio, rabia, divina soledad, ahora compartida, por vez primera, en mi vida.

Hazme un favor, herida Dolly... Quema mis cartas tras leerlas, guárdalas en tu memoria.

No quiero asesinarte y créeme, podría hacerlo sin traspasar estos muros de hormigón, incluso lo deseo, es la única sensación que me complace y la única respuesta que obtendría alguien, al osar entrar en mí.

Nunca tuyo, nunca de nadie.


J. Honest




Continuará...




jueves, 17 de septiembre de 2015

Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Relato a dúo para el concurso de "El Círculo de Escritores"

Enlace al inicio del relato, escrito por José Carlos García:



Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Mis muñecas estaban atadas a mis espaldas, a una barra de hierro, podía sentir el frío metal en las palmas y las yemas de los dedos. Mis muelas habían sido pegadas, no podía separar las mandíbulas, salivaba sin cesar y respiraba con dificultad. Exhalaciones entrecortadas por la ansiedad y el horror.

Las palpitaciones eran ensordecedoras, mi pecho iba a estallar. En un principio sentí que de nuevo me encontraba en uno de aquellos terrores nocturnos que me asolaron tras el accidente. El mundo se tornó oscuro. Perdí la visión.

Entonces, alguien empezó a pedir auxilio, casi como en un susurro apenas perceptible. Mis oídos habían aumentado su capacidad auditiva y ahora incluso podía oír el chirrido de sus dientes. A mí me habían dejado sin habla, como aquel hombre me dejó sin visibilidad, años atrás. Sin embargo, aquel empezó a elevar su voz hasta alcanzar un grito agudo seguido de un incesante lloro.

Preguntaba - ¿Quien hay ahí? - Pero, yo no podía responder.

Presentí una tercera presencia tras de mí. Olía a costillas asadas con mermelada de frambuesa. Lo oí masticar.

El "bip" de un aparato electrónico. La cámara de vídeo.

Se puso en pie, caminó de prisa, pasó por mi lado y avanzó. Ruido de cadenas. Aquel hombre que lloraba, ya no lo hacía, chillaba como un puerco amarrado.

Un tirón, dos tirones, tres tirones... La motosierra se puso en marcha, el sonido era insoportable, nada comparado con los alaridos de quién chorreaba su vida, su sangre y sus entrañas sobre mí.

En aquel instante perdí la consciencia. Eso es todo lo que recuerdo.

Aquel hombre me arrebató la visión. Su nombre era Jacobo.

A mi padre le encantaba mezclar dulce y salado, las arterias de su corazón no soportaron un bocado más.



Fin


lunes, 7 de septiembre de 2015

Conejo de Pascua

Su última voluntad fue morir de viejo. Su hermano murió de niño y aquello fue tan doloroso que pensó que le podría ocurrir a él por igual.

Pedro Trigo descansaba en la cama del hospital, cumplía cien años aquel día y su fuerza vital se apagaba como las velas de su pastel de aniversario.

Los mayores salieron a charlar al pasillo.

Clara y Tomás se quedaron a solas en la habitación con el centenario homenajeado.

- Bisabuelo, te queremos - dijo Clara -.

- Hoy es tu cumpleaños y día de Pascua - Añadió Tomás -.

El anciano empezó a temblar y con los ojos desorbitados miró fijamente a los pequeños.

- ¡Pascua, no! ¡Conejo de Pascua, no! ¡Salid, corred, escondeos!

Pedrito Trigo corría por el parque de su pequeño pueblo, su hermano había muerto.

Pedazos de carne desgarrada colgaban de los columpios. Una cascada de sangre bajaba por el tobogán.

El Conejo de Pascua lo llevaba en su gran saco. Camino de la madriguera.

Pedrito se escondió tras unos matorrales.

"Imagina otra cosa, esto no puede ser real"

Cubrió su rostro con las palmas de las manos.

"Cuenta hasta tres,  esto no puede ser verdad"

"Uno, dos y tres..."


Carla y Tomás se despidieron del bisabuelo, al igual que el resto de la familia.

Era tarde y el anciano debía tomar su medicación y descansar.

Los pequeños fueron a recoger sus huevos de chocolate.

Pedro Trigo no podía dormir.

En la penumbra de su habitación veía una sombra de enormes orejas peludas acercarse a su cama.

Poco a poco.

Olía a zanahorias podridas y emitía un agudo gruñido.

- No puedes esconderte, mi niño.

El anciano cubrió su rostro con las palmas de las manos.

"Esto no puede ser verdad... Cuenta hasta tres y la pesadilla acabará..."

"Uno, dos y tres..."


Pedrito se destapó los ojos, su hermano jugaba feliz en los columpios, lanzándose por el tobogán.

Pedro Trigo descansó para siempre. Se cumplió su última voluntad.



Fin

jueves, 3 de septiembre de 2015

La Mansión Crow Mirror "Capítulo 1" (El Caso)

- Lo tienes delante, pelirroja.

Mongabay no discutiría aquella entrada, sabía que no era el mejor en nada, pero no dudaría ni por un momento usar sus cartas para acabar bajo las faldas de aquella belleza.

- Mi nombre es Elisabeth Williams, señor.

- Bonito nombre para una hermosa mujer.

- Por favor, no siga por ahí. He venido a ofrecerle un caso.

- Dispare - Dijo Mongabay, mientras simulaba una pistola con su mano izquierda apuntando a la mujer -.

- Mi marido ha desaparecido y quiero que lo encuentre.

- ¿Cuanto?

- ¿Cuanto qué? - Preguntó Elisabeth en el mismo instante en el que llegaba la evidente respuesta a su mente -.

- ¿Cuanto dinero me va a pagar si lo encuentro?.

Elisabeth Williams agarró su bolso e introdujo la mano, sacó un sobre y lo dejó sobre la mesa del detective.

Mongabay ojeó el contenido.

- El doble cuando lo encuentre.

Peter abrió un cajón, metió allí el dinero y sacó un bloc de notas y una pluma.

- Dígame señora Williams, el nombre de su marido, cuando desapareció, donde lo vio por última vez...


La "Mansión Rowmir" se construyó en 1817. Samuel Williams, el marido desaparecido de Elisabeth, era un simple notario que visitaba aquel caserón, una vez al año.

Su tarea allí consistía en hacer inventario y esperar respuesta de los inquilinos sobre la posible aparición del póstumo heredero de alguna de las dos familias que habitaron el lugar, años atrás.

Los residentes, en la actualidad, eran el ama de llaves, Margaret Níspel y sus dos hijos, Marjorie y Nathan, de veintitrés y nueve años, respectivamente. Realizaban tareas de mantenimiento y daban algo de vida a aquella monstruosa edificación qué, desde cerca, parecía un castillo de aquellas películas de terror de los años veinte, como un clásico de Jean Epstein.

Samuel fue visto por última vez el siete de septiembre de 1953, camino de la "Mansión Rowmir".

Habían pasado tres meses desde su desaparición. La policía investigó el caso sin éxito. Alegaron la posibilidad de que huyese con su amante. Elisabeth era conocedora del romance entre su marido y Clarice Roland, pero negaba la posibilidad de que huyera con ella.

"Esa zorra se marchó con sus tíos a Francia, tenía dieciséis años". Afirmó la señora Wiliams al detective. "La policía no cumplió con su trabajo, por eso he recurrido a usted".


No me gusta lo que veo frente al espejo, queda poco de mí, un rastro de lo que fui. La cicatriz en forma de serpiente que recorre mi muslo derecho, voltea mi ombligo, sube por el costado izquierdo y repta por mi cuello.

Desnudo, ataviado únicamente con mi anillo dorado, el cuervo en el espejo, yo, o, mejor dicho, lo que queda de mí, frente al espejo.

Los ojos de Mongabay se oscurecieron por completo, dos piedras negras en mitad de su pálido rostro.

Regresaban imágenes de su infancia, el inconsciente le jugaba malas pasadas. Se veía de niño, era tan distinto, incluso en su adolescencia y juventud, irradiaba luz. La luz se apagó muchos años atrás, antes de llegar a Nueva Orleans.

Se enfundó el traje de todos los días, se recostó en su sillón. Encendió otro cigarrillo. El humo era su nuevo oxígeno. El jazz, su nuevo método de meditación.


Aquella misma tarde, antes de su primera visita a la mansión Rowmir, certificó lo dicho por su nueva clienta. Satisfecho con la confirmación de todo lo declarado por Elisabeth y con el hecho de tener, por fin, un trabajo que lo distrajera de su mundanal rutina, se dirigió al caserón.

Efectivamente, la amante de Samuel Williams, Clarice Roland, marchó con sus tíos a Francia y la policía había archivado el caso. No podía entrometerse en un caso abierto. No podía permitirse el lujo de que lo investigasen a él.

Desde la verja que daba al inmenso jardín, ante el camino de piedra y la escalinata de la entrada principal de aquella gigantesca mansión, Mongabay esperó silencioso.

Vio pasar a un chiquillo con unas enormes tijeras de poda.

- ¡Eh, chico!

- ¿Si?

- ¿Como te llamas, pequeño?

- Nathan, señor.

- ¿Puedes abrir la verja, Nathan?

- No, no puedo, señor. Avisaré a mi madre.




miércoles, 2 de septiembre de 2015

La Isla y Yo "Capítulo XXXVII" (El Principio del Fin)

En su mirada puedo ver escrita con fuego una orden clara y contundente.

En el nombre del amor... Por ti, Tahohae, por nuestro futuro hijo, por nuestra vida juntos.

Alzo a "Abrelatas" mi salvadora y con un movimiento preciso acierto en el pecho de lo que queda de Eva. Allí se queda clavado mi pequeño puñal y ella se abalanza sobre mi.

Caigo irremediablemente en la tierra pedregosa con ese ser putrefacto sobre mi cuerpo.

Babea viscosa saliva mugrienta sobre mi rostro, agarro el mango de "Abrelatas" y lo arranco de su fétida carne, doblo el brazo y se lo hinco en un ojo, luego en el otro, en la frente, una y cien veces, hasta que deja de gruñir.

Me la saco de encima con todas mis fuerzas, la tumbo de espaldas y me siento sobre ella, desde la yugular hasta su oreja izquierda, rebano con saña su cuello inmundo, hasta su nuca y continuo hasta su oreja derecha.

La cabeza se desprende como un coco de su palmera.

Me pongo en pie y pateo el cráneo de Eva, mi histérica y loca Eva, un balón que rebota contra un tronco y adorna una roca de rojo infierno.

Adiós, mi querida Eva.

Me giro y veo a Doce en pie, ahora es orgullo lo que leo en sus ojos, nos abrazamos y nos amamos una vez más, antes de proseguir la marcha.

Me siento un hombre nuevo, ya no soy López, el escritor ermitaño, ahora soy Lop y he hallado mi reino, mi mujer y nuestro fruto creciendo en su vientre, ellos son mi hogar, mi motivo, mi gran obra.

Debo protegerlos. Debemos encontrar un buen lugar donde nuestro hijo crezca sano y feliz y Tahohae y yo podamos envejecer en paz.

Corremos hacía la otra orilla de esta nueva isla, atravesando una espesa jungla, oscura y empapada, nos engulle una humedad refrescante y sanadora. Tras horas de rápida caminata, salimos del verde frondoso para encontrarnos ante un inmenso portal.

Es la entrada a un lugar que jamás imaginé poder hallar en este remoto paraje salvaje.

Es una puerta de madera gigante empotrada en la fachada de una montaña.

A la derecha de las puertas, sentado sobre un escudo, un esqueleto se deja ver, entre una armadura de plata envejecida, las barbas blancas pegadas a su mandíbula bailan con el suave viento y sus cuencas silban una extraña melodía.

En su casco inscrito un nombre, leo "Jefardreé" en letras doradas.

Tahohae y yo nos miramos totalmente desconcertados, cuando... Las puertas se abren por sí solas con un estridente gruñido de oxidadas bisagras de hierro.

Ante nosotros, el principio de un camino de tierra amarilla, de polvo del desierto.

Damos tres pasos y dejamos las puertas a nuestras espaldas, estas se cierran tras nosotros.

Doce agarra mi mano con fuerza, noto como tiembla todo su cuerpo. Ambos vibramos con tremenda emoción, no podemos creer lo que ven nuestros ojos, lo que experimentan nuestros sentidos.

Un águila púrpura sobrevuela nuestras cabezas, planea y se posa frente a nosotros. Abre el pico y mueve sus ojos, inclina su esbelta figura y fija su mirada en el vientre de mi amada.

- Gracias por traer a Jefardreé de nuevo a su hogar. Sed bienvenidos. Pronto os reencontraréis con su abuelo y por fin, entenderéis.