jueves, 17 de septiembre de 2015

Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Relato a dúo para el concurso de "El Círculo de Escritores"

Enlace al inicio del relato, escrito por José Carlos García:



Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Mis muñecas estaban atadas a mis espaldas, a una barra de hierro, podía sentir el frío metal en las palmas y las yemas de los dedos. Mis muelas habían sido pegadas, no podía separar las mandíbulas, salivaba sin cesar y respiraba con dificultad. Exhalaciones entrecortadas por la ansiedad y el horror.

Las palpitaciones eran ensordecedoras, mi pecho iba a estallar. En un principio sentí que de nuevo me encontraba en uno de aquellos terrores nocturnos que me asolaron tras el accidente. El mundo se tornó oscuro. Perdí la visión.

Entonces, alguien empezó a pedir auxilio, casi como en un susurro apenas perceptible. Mis oídos habían aumentado su capacidad auditiva y ahora incluso podía oír el chirrido de sus dientes. A mí me habían dejado sin habla, como aquel hombre me dejó sin visibilidad, años atrás. Sin embargo, aquel empezó a elevar su voz hasta alcanzar un grito agudo seguido de un incesante lloro.

Preguntaba - ¿Quien hay ahí? - Pero, yo no podía responder.

Presentí una tercera presencia tras de mí. Olía a costillas asadas con mermelada de frambuesa. Lo oí masticar.

El "bip" de un aparato electrónico. La cámara de vídeo.

Se puso en pie, caminó de prisa, pasó por mi lado y avanzó. Ruido de cadenas. Aquel hombre que lloraba, ya no lo hacía, chillaba como un puerco amarrado.

Un tirón, dos tirones, tres tirones... La motosierra se puso en marcha, el sonido era insoportable, nada comparado con los alaridos de quién chorreaba su vida, su sangre y sus entrañas sobre mí.

En aquel instante perdí la consciencia. Eso es todo lo que recuerdo.

Aquel hombre me arrebató la visión. Su nombre era Jacobo.

A mi padre le encantaba mezclar dulce y salado, las arterias de su corazón no soportaron un bocado más.



Fin